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¿CHICLECALIPSIS NOW – COMO SOLUCIONAR ESTE PROBLEMA?

El chicle, ese gran vicio, amado por unos y odiado por otros. Vamos a conocer algunas curiosidades sobre la famosa goma de mascar:

  • El chicle lleva presente en nuestras vidas desde tiempos muy antiguos. Originalmente se trataba de un tipo de resina extraída de varios árboles.
  • El chicle que todos conocemos apareció en Estados Unidos durante el siglo XIX. En Europa se hizo popular durante la Segunda Guerra Mundial: los soldados estadounidenses repartían los chicles entre las poblaciones de zonas liberadas de la ocupación alemana en el Frente Occidental.

Hoy en día el chicle está presente en casi cualquier rincón de nuestro planeta, aunque como vamos a ver a continuación, existen casos muy extremos en los que sin las instalaciones correctas (¡y sin la falta de voluntad todo hay que decirlo!) sus restos en las calles y mobiliario urbano pueden resultar un auténtico calvario.

¡Chiclecalipsis!

En Singapur el chicle llegó a ser tan popular que se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza para muchas zonas urbanas (¡una auténtica plaga de goma de mascar!). Por ejemplo, los tornos de entrada y salida del metro estaban taponados por los chicles. El transporte público se quedó paralizado. El chicle estaba omnipresente en toda la ciudad; pegado en farolas, papeleras, bancos urbanos, paredes y coches. Todo ese caos obligó a las autoridades a tomar medidas radicales. Actualmente el chicle está prohibido en Singapur y por su posesión o consumo se sanciona con una gran multa (si, habéis leído bien, como si fuera cualquier sustancia ilegal).

Gum war

No nos engañemos: tirar un chicle al suelo es algo que casi todos hemos hecho, por lo menos una vez en nuestra vida. Podemos ver restos de chicle en bancos urbanos, aceras,  asientos en el transporte público, cristales, incluso en algunos cines… Y por seguro conoces esa incómoda  sensación de cuando encuentras esta  goma de mascar pegada en los zapatos o, peor aún, en el  pelo o en tu ropa (chaquetas, pantalones) requiriendo luego muchísimo tiempo (y trabajo) para conseguir eliminar cualquier resto de chicle (incluso llegando a veces a estropear realmente la ropa o incluso tener que cortar algún mechón de pelo).

Junto a todas las incomodidades citadas más arriba, hablaremos ahora de, quizás, el “daño oculto” que no percibimos y que puede causar el depositar un “inocente chicle” mascado donde no corresponde por ejemplo zonas de juego infantiles.

Las probabilidades de que en una pequeña distracción el chicle pueda llegar a las manos de un niño son elevadísimas. ¿Sabías que un chicle puede albergar hasta 10 mil hongos de la persona que lo consumió?

También afecta a nuestras mascotas:  la mayoría de los chicles sin azúcar contienen una sustancia llamada xilitol, un edulcorante extremadamente tóxico para los perros que puede incluso llegar a causarles insuficiencia hepática, al igual que puede causar intoxicación severa a  los gatos (por no mencionar que se les puede quedar atorado en el esófago con consecuencias fatales).

GUMKILLER

Afortunadamente no todo es caos y destrucción en lo referente al chicle, (¡no pretendemos demonizarlo!) Tan solo necesitamos concienciarnos: los chicles usados deben ir en su sitio correspondiente para evitar todo lo comentado anteriormente, y para ello tenemos un arma infalible: el contenedor para chicles usados también conocido como Gumkiller 😊.

De sencilla construcción combinada con un diseño moderno, nuestro contenedor para chicles usados encaja perfectamente en parques infantiles, plazas peatonales de nuestra población, en espacios compartidos (woonerf) o en cualquier pipican.

Os animamos a que probéis nuestro GumKiller. Nosotros os ofrecemos las herramientas, pero no olvidemos que el primer paso para un entorno más saludable y seguro tiene que salir de nosotros mismos.

¡Muchísimas gracias por leernos! Cualquier duda o comentario que tengáis no dudéis en contactar con nosotros. ¿Dónde encontrarnos? Muy fácil: info@rekord-bancos-urbanos.es